¡Nos vamos de CuentaCuentos!

Soy muy fan de los cuentacuentos. Es una actividad en la que lo lúdico y el aprendizaje  puro y duro van de la mano, fomentando la creatividad y la imaginación de los niños. Lo más importante de la infancia ¿no creéis? Y no solo eso, sino que es una forma de mantener vivas nuestras tradiciones orales. No debemos dejarlas atrás.

De ahí que mis pequeños lectores y yo seamos bastante asiduos a cualquier sesión de cuentacuentos que se organice en el parque, en la biblioteca, en librerías… donde haya cuentos allá iremos nosotros. Y no solo eso sino que, al leer en casa, somos muy de “hacer teatro” y poner voces. Pienso que así animo a mis hijos a leer y, en estos tiempos en que todo son tablets, videojuegos e Internet, de momento no nos está yendo mal. En fin, crucemos dedos.

A lo que iba. Uno de mis pequeños lectores está inmerso en un proyecto del cole sobre Cuentos Clásicos y, cuando su profe me planteó ayudarles en una actividad de cuentacuentos, no lo dudé un segundo. Los que me conocéis ya sabéis que me va eso de contar historias, gracias a esta nueva aventura literaria en la que ando metida estoy muy al día en lo que a cuentos y álbum ilustrado se refiere y … bueno, solo hacía falta perder un poco ese “miedo a hacer el ridículo” que todos (o casi) tenemos cuando no nos sentimos totalmente seguros en algo. Recuerdo mis primeros juicios, recién salida de la carrera. No os lo quiero ni contar. Llegó un día en que me dije: Deshazte de todo este miedo. Solo está en tu cabeza y te impide avanzar. ¡Libérate! Y lo cierto es que, a día de hoy, sigo ejerciendo mi profesión. Sin más. Pues lo mismo me dije esta vez. ¡Fuera miedos! Solo (¡ja! ni más ni menos) era cuestión de intentar captar la atención de los niños con buenas historias. De esas hay muchas ¿verdad? Seguramente sería por eso por lo que me costó tanto decidirme.

Salvo uno. Hay un cuento que tuve claro desde el primer momento: Un león dentro, el cuento favorito de mis pequeños lectores que, por supuesto, me ayudaron a escenificarlo al resto de sus compañeros. Es un álbum ilustrado muy divertido que, además, encierra entre sus páginas un mensaje súper importante: anima a la superación personal y recuerda la importancia de nuestra actitud a la hora de perseguir nuestras metas. A ellos quizás no les llegue aún del todo esa moraleja pero no importa, por alguna parte hay que empezar. Os dejo enlace a la reseña del blog: Un león dentro.

 

A partir de aquí, barajé muchas opciones. Después de mucho dar vueltas, los puntos que tenía claros eran los siguientes:

  • Quería que en su mayor parte las historias fueran de animales, suelen atraer a niños y niñas en general.
  • De género variado: amor, amistad, algún toque de misterio.
  • Acumulativas y rimadas, dos características que a mí, como lectora, me hacen inclinar siempre la balanza hacia el lado positivo. Favorece la atención y la implicación de los niños en la historia (para mí fundamental en esta ocasión, imaginaos).
  • Alguna de ellas tenía que llevar al límite nuestra imaginación, salir de lo convencional.

Y, partiendo de todo esto, mis elecciones fueron las siguientes:

  • La vaca que puso un huevo, que cumple a la perfección el último de mis requisitos. ¿Que las vacas no ponen huevos? ¿Quién lo dice? Con la magia de los cuentos todo es posible. Para leer su reseña completa, pinchad en el siguiente enlace: La vaca que puso un huevo.
  • Colección VEO VEO ¿A quién ves? De la que conté las historias del caracol y el ratón, haciendo uso de poesía y creándoles la expectación de ir levantando pestañas a ver quién era el siguiente personaje que aparecería en la historia. De hecho empecé la sesión con uno de ellos y…creo que acerté.
  • La extraña visita, de Gracia Iglesias. Rima, estructura repetitiva y acumulativa y un toque de misterio y tensión en la historia que me venía fantástico. Os diría (y creo que sin equivocarme mucho) que este es el cuento que más éxito tuvo entre el público. Colaboramos entre todos para crear el ambiente perfecto de una noche de tormenta y creo que fue uno de los momentos álgidos de la actividad.
  • Y, cómo no, un clásico entre los clásicos. Si hay un álbum ilustrado que sea éxito asegurado en un cuentacuentos es ¿A qué sabe la luna? Y, como se trataba de que la actividad tuviera el mayor éxito posible pues… tenía que estar. Y además como colofón final. (En este enlace podéis leer su reseña completa: ¿A qué sabe la luna?) Tuve muchos ayudantes que fueron trabajando en equipo para alcanzar la luna. ¡Y vaya si lo hicieron! Después, les dejé unas galletas que hicieron las veces de trozos de luna y que probaron cuando yo ya me había marchado. Que uno de mis peques me dijera que, al probar esos trozos de luna, a él le habían sabido a “pizza de jamón y queso” y a uno de sus compañeros a “fresas”, es decir, a las comidas favoritas de cada uno, no siendo más que unas galletas de mantequilla pues… ya no hace falta que os diga más sobre lo satisfecha que estoy de haber podido hacer con ellos esta actividad.

Gracias al profe por pensar en mí y hacerme un poco partícipe de este proyecto tan importante para un niño, para una persona, como son los CUENTOS. Si, en definitiva, todos estamos hechos de historias. TODOS SOMOS CUENTOS.

Que tengáis un feliz fin de semana.

[ Podéis ver fotos de la actividad en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/177321435799866/posts/985917344940267/ ]

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