[Relatos] Talión.

Le encuentro bebiendo, como cada día, su cuarta copa de vino. A la quinta invito yo. Habla de trabajo mientras me mira el escote y yo le dejo hacer, reprimiendo mis náuseas. Asiento con la cabeza repetidas veces en señal de atención, pero sin interés alguno en su conversación. Mis ojos están fijos en el brillo violáceo del vino que, casi sin darnos cuenta, va tornando a un tono más claro, cercano a un rojo cereza. Es el momento. Mi plan empieza a surtir efecto. Levanto lentamente la manga del vestido y dejo entrever un tatuaje, idéntico al de mi hija. Sí, mi hija, aquella que tuvo la mala suerte de cruzarse con un enfermo, con un violador, y no llegó a cumplir los diecisiete años. Violación y homicidio imprudente, dijeron en el juicio. Nada más.

Sus sentidos empiezan a nublarse pero aún es capaz de recordar. Hace memoria y algo se enciende en su cerebro, que ya está a punto de dormirse. ¿Dónde ha visto antes ese tatuaje? Mira la copa, ahora vacía, y de repente parece entenderlo todo. Un regusto amargo en su garganta que no sabe identificar. En mis labios, una sonrisa triunfal. La saboreo.

“Misterioso envenenamiento en Pub Arcoíris”, rezan los titulares a la mañana siguiente. Ni la policía, el jurado popular, los jueces o el fiscal fueron capaces de hacer justicia. Ha tenido que ser una copa de vino la que haya dejado caer la venda, inclinando la balanza a mi favor. Ahora sí, hija mía: descansa en paz.

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