La justicia es sueño.

Me recreo en su visión, diametralmente opuesta a las mujeres que antes me intentaba ligar: el vestido suelto le cae con gracia hasta los tobillos dejando entrever una insinuante silueta, de cintura estrecha y sinuosas caderas; tiene el pelo dorado como trigo al sol y adivino sus ojos, de un marrón genérico, sonriendo burlones.

De repente noto que algo va mal, intuyo el filo de una espada presionando mi hombro. Es automática mi renuncia a luchar. Siento el impulso de hacer siempre lo correcto.

Con un breve gesto de asentimiento deshace el nudo, cae la venda. Clava en mí una mirada llena de ironía.

Un movimiento casi imperceptible de su mano inclina una balanza que sostiene firme en la derecha. Cierro los ojos. Rezo porque sea a mi favor.

Ese ruido conocido y penetrante me devuelve a la realidad. Implacable despertador, implacable justicia. Listo para un nuevo día, abogado.

Publicado en Abogacía.es 

Microrrelato seleccionado mayo 2016.

 

 

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